El racismo y la discriminación amenazan la salud pública en todo el mundo

– Según cerca de 40 expertos en cuatro artículos publicados en ‘The Lancet’

MADRID, 09 (SERVIMEDIA)

El racismo, la xenofobia y la discriminación ocurren en todas las partes del mundo y tienen un impacto crucial en la salud de las personas de razas minoritarias, por lo que deben reconocerse universalmente como amenazas para la salud pública.

Así lo sugieren cerca de 40 expertos de instituciones de Australia, Brasil, Corea del Sur, Estados Unidos, Filipinas, India, Kenia, Reino Unido o Sudáfrica en una nueva serie de cuatro artículos publicados este viernes en la revista ‘The Lancet’.

«El racismo y la xenofobia existen en todas las sociedades modernas, y tienen efectos profundos en la salud de las personas desfavorecidas. Hasta que el racismo y la xenofobia sean universalmente reconocidos como impulsores significativos de los determinantes de la salud, las causas fundamentales de la discriminación permanecerán en la sombra y seguirán causando y exacerbando las desigualdades en salud», indica Delan Devakumar, de la University College de Londres (Reino Unido).

Los autores apuntan que el racismo, la xenofobia y la discriminación son problemas globales. Si bien los contextos y las historias difieren, los impulsores sociales y políticos, y las consecuencias para la salud de la discriminación basada en las categorías de casta, etnia, indigeneidad, estatus migratorio, raza, religión y color de piel resultan similares en todo el mundo.

CONSECUENCIAS EVIDENTES

Las consecuencias para la salud de estos factores sociales y políticos son evidentes en todo el mundo. Así, en el Reino Unido hubo tasas de mortalidad más altas entre los grupos étnicos africanos negros, caribeños negros, bangladesíes, paquistaníes e indios en la segunda ola de la covid-19.

Los grupos de inmigrantes y otros, como las ‘castas registradas’ en la India, a menudo se encuentran particularmente en desventaja por las barreras a la atención médica impuestas por los Gobiernos.

De manera similar, las poblaciones indígenas de todo el mundo han sufrido peores resultados de salud, incluida una menor esperanza de vida, una mayor mortalidad infantil y materna, y más desnutrición.

Los autores describen cómo la ciencia y la medicina históricamente han moldeado y apoyado la categorización de los humanos que ha llevado a las jerarquías sociales modernas. Con el tiempo, la ciencia ha demostrado que los seres humanos son una de las especies genéticamente más similares en la Tierra y la variación genética y fisiológica se asigna de manera deficiente a las categorías raciales y étnicas a modo de construcciones sociopolíticas.

Aun así, persiste el mito de que las razas son biológicamente distintas, lo que se manifiesta en la investigación y la práctica médicas de diversas formas. Por ejemplo, la raza y el origen étnico se han utilizado para diagnosticar la enfermedad renal crónica como variables para calificar la función renal de los pacientes en muchos países, entre ellos Estados Unidos y Reino Unido. El uso de una puntuación basada en la raza para la función renal podría contribuir a los estereotipos raciales y las desigualdades entre los pacientes negros con enfermedad renal crónica.

DISCRIMINACIÓN

En todas las condiciones de salud, desde cánceres hasta enfermedades cardiovasculares y covid-19, la casta, el origen étnico y la raza a menudo se enumeran como factores de riesgo. Sin embargo, las razones por las que las personas pertenecientes a minorías tienen un mayor riesgo de enfermedad no han recibido un escrutinio adecuado por parte de los profesionales de la salud y los investigadores, y existe una tendencia a asumir que estas desigualdades están determinadas genéticamente y son inmutables, según los autores.

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Los nuevos artículos en ‘The Lancet’ desafían esta noción, junto con el argumento de que cualquier disparidad puede explicarse por patrones de privación socioeconómica entre grupos raciales y étnicos minoritarios; en cambio, enfatiza el papel significativo de las respuestas fisiológicas causadas por la discriminación pasada y presente en la explicación de las desigualdades raciales en salud.

La discriminación individual puede activar las respuestas hormonales y de estrés del cuerpo, lo que podría causar cambios biológicos a corto y largo plazo. Ello también da forma a los entornos de vida y sienta las bases para muchos de los factores de riesgo asociados con la mala salud, como la exposición a viviendas de mala calidad, la pobreza y la violencia en los vecindarios; la contaminación del aire y el acceso limitado a espacios verdes y alimentos nutritivos.

Además, la discriminación limita las oportunidades con las cuales las personas pueden mejorar su salud y bienestar, a través de la educación formal, la recreación, el trabajo y la atención médica.

«La discriminación afecta la salud de muchas maneras, que a menudo han sido difíciles de medir porque los efectos de la discriminación pueden aparecer durante largos períodos de tiempo. Sin embargo, la evidencia existente sugiere que los impactos biológicos directos e indirectos de la discriminación son un factor importante de las desigualdades raciales en la salud en todo el mundo, en lugar de la diferencia genética, como a menudo se ha asumido debido a las nociones erróneas de la diferencia racial», explica Sujitha Selvarajah, de la University College de Londres.

Selvarajah añade al respecto: «En el ámbito social, la discriminación es costosa e inflige un trauma colectivo. Hacemos un llamamiento al reconocimiento inequívoco del racismo, la xenofobia y la discriminación como determinantes fundamentales de la salud, como ya ocurre con los factores políticos, sociales y económicos. Hacemos un llamamiento a académicos, científicos, y profesionales de la salud para modificar activamente esta relación entre grupos minoritarios y resultados de salud inequitativos».

CAMBIO TRANSFORMADOR

Más allá de las medidas que reducen los impactos del racismo y la xenofobia en la salud de las personas, se necesita una acción más amplia y profunda para transformar los sistemas existentes que defienden y reproducen el racismo y la xenofobia.

Los autores sugieren que ese cambio se puede lograr con intervenciones de salud pública antirracistas. Por ejemplo, programas de educación temprana que reduzcan los prejuicios hacia los grupos discriminados, mejoren la sensibilidad cultural entre los proveedores de atención médica y fortalezcan la provisión de seguridad social.

El cambio organizacional y comunitario, y el compromiso activo con la construcción de movimientos también pueden formar parte clave de la acción de la comunidad de salud para abordar la inequidad racial.

Los precedentes efectivos incluyen las campañas activistas establecidas por mujeres negras seropositivas para protestar por la inacción del gobierno sobre el VIH en Sudáfrica, que afecta de manera desproporcionada a la comunidad negra y han logrado obligar a las compañías farmacéuticas a ofrecer medicamentos contra la enfermedad a precios asequibles.

La legislación y las políticas de equidad racial tanto institucionales como nacionales también se plantean como puntos de partida efectivos para el progreso, ya que la evidencia sugiere que leyes más sólidas de igualdad racial y no discriminación están asociadas con mejores resultados para los grupos racialmente minoritarios.